El caos lento y cotidiano de Conakry

En la capital, la vida discurre lenta y caótica. Recorrer 12 kilómetros en Conakry puede llevar más de tres horas. En los atascos, cientos de niños venden en las carreteras: barras de pan, golosinas, objetos de todo tipo. Cada venta, unos pocos francos para ayudar a la familia.
Estos niños vendedores Conakry forman parte del pulso caótico y lento de la capital.
Los mercados de Madina, Matoto, Sandervalia, Taouyah, Niger, Concasseur -el mercado de Hamdallaye donde Oumou compraba a diario-, Bonfi… vividos desde dentro, muestran una realidad que explica por qué los niños vendedores Conakry están en todas partes.
Los caminos hacia Diassya o hacia Forecariah, los poblados rurales con sus calles polvorientas, las mujeres lavando ropa en las laderas de los ríos… Todo eso se fue quedando dentro de Javier durante ese viaje.
A la vuelta a España, Oumou y Javier se sentaron a hablar.
Todo eso —el caos, los niños vendedores Conakry, los caminos polvorientos— se quedó dentro de Javier, impulsándolo a planificar junto a Oumou seriamente el proyecto Wonma Bokhi.»
Era el momento de pensar en serio qué podían hacer.
